La Cultura de la Unicidad

De los estados de conciencia a la luz de la sabiduría andina y precolombina

EL ESTADO AMPLIADO DE CONCIENCIA (HANANPACHA)

La cultura de la unicidad

¿Cuándo la humanidad del tercer milenio será finalmente capaz de adecuar sus sentimientos y experiencias a los nuevos paradigmas de la ciencia moderna? ¿Cómo ese antiguo sentimiento de aislamiento y separación podrá ser superado? Necesitamos entender y sentir con urgencia que no somos forasteros en el universo, que no fuimos lanzados a este planeta por capricho divino, que no vinimos de afuera, que no llegamos como pájaros migratorios para pasar un tiempo en tierras ajenas; crecimos en este mundo como las plantas, las flores y las frutas. Alan Watts — traducción libre.

La dificultad en aceptar y considerar que nuestras posturas emocionales y existenciales, la administración y categorización de nuestras percepciones determinan, en un grado acentuado, la calidad de nuestras vidas y realizaciones, induce, como consecuencia epistemológica, el surgimiento y mantenimiento de diversas creencias del tipo 'somos seres exiliados en el planeta y condenados a sufrir'; o 'el mundo es un objeto externo y somos sujetos separados insertados en él, luchando para sobrevivir'. Esas ideas forman parte del pasado, mitos de los milenios anteriores. A pesar de las demostraciones de la ecología y de la nueva Física, enseñando que individuos y medios-ambientes integran un único sistema — con las múltiples manifestaciones de la unificación, del espacio-tiempo presente y creativo — mucho aún falta para que la humanidad consiga incorporar esos conocimientos, abriendo espacios para un nivel más integrado de conciencia, vida y responsabilidad. La experiencia del estado-de-ser no necesita significar una lucha para dominar el ambiente; puede sentirse como efectivamente es: un proceso creativo donde la acción del sujeto y del contexto es integrada, una sola. Yo soy aquello que el campo unificado, el ambiente entero (el universo), está realizando. Fingimos que el origen de nuestras acciones se localiza dentro de cada uno; limitar el 'yo' a algún centro de decisión y energía localizado en el interior de una membrana, de una capa de piel, es de hecho una convención, un consenso social.

La fuerza del hábito hace difícil realizar y sentir que de hecho estamos reverberando, con algún grado de responsabilidad, la trama del universo. Este sería un sentido de identidad consistente y compatible con la descripción científica actual de los organismos y entidades. Involucraría la sensación 1. del mundo externo, 2. de nuestros cuerpos y 3. de nuestras mentes y conciencias (la cognición en un sentido amplio): esa trinidad, como una unidad, revelando nuestros seres como expresiones fractales del ser universal, demostrando la unicidad del estado-de-ser. La comprensión racional, intelectual, de esa unicidad es un punto importante, pero su aprehensión y conocimiento al nivel del sentir, de la experiencia por la unión mística, es la meta fundamental, la realización de la esencia, del fenómeno. Vivenciar nuestra identidad con el cosmos es esencialmente y por definición una meta panteísta, pero forma parte del programa y aspiraciones de muchas tradiciones espirituales inmanentistas, como el Taoísmo, el Zen y otras sectas del Budismo principalmente. De alguna manera más reservada, tal vivencia ocurre en el íntimo más esotérico de algunas sectas de orientación más filosóficas, de raíces cristianas, judaicas e islámicas.

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