CONSIDERACIONES SOBRE EL USO DEL TÉ AYAHUASCA EN ÁMBITOS ESPIRITUALISTAS DIVERSOS (APRIORÍSTICOS Y EMPIRISTAS)

Artículo original – junio 2007 – Régis Alain Barbier

INTRODUCCIÓN:

En este artículo estaremos discurriendo sobre el uso de la bebida técnicamente definida como psicoactiva, de uso oral y tradicional de la América indígena; obtenido por la asociación de los cocimientos del bejuco Banisteriopsis Caapi, rico en harmina, harmalina junto con las hojas de la rubiácea Psychotria Viridis ricas en DMT.

El término 'ámbitos espiritualistas apriorísticos' se refiere al uso consultivo sobrenaturalista en busca de contacto con entidades consideradas sobrenaturales; o también al uso religioso sincrético moderno — inaugurado después de la conquista y en el encuentro de los indígenas con los europeos y africanos. El término 'ámbitos espiritualistas empiristas' se refiere al uso históricamente subsecuente, más reciente, igualmente en medios ritualísticos, aunque de naturaleza más filosófica que teológica por tratarse de una axiología que investiga la comprensión y aprehensión de las virtudes y valores éticos, pero removiendo los teleologismos dogmáticos y sobrenaturales; o dejando esas extrapolaciones sin definiciones (agnosticismo).

DE LA DIVERSIDAD DE LOS ÁMBITOS

a) El ámbito espiritualista apriorístico

El uso de la Ayahuasca en un ámbito espiritualista apriorístico implica alguna forma de jerarquismo y sobrenaturalismo, es decir un dualismo. Personajes como chamanes o maestros fundadores son atribuidos de talentos de naturaleza ritual, mágico-religiosa. Son reconocidos y aceptados como capaces de recurrir a fuerzas o entidades sobrenaturales: como ponerse en relación con ellas; o recibir esas fuerzas; o incluso revelarse como una de esas entidades encarnada. Esta revelación o mediumnidad se hace con el propósito de realizar curaciones espirituales, del cuerpo y del alma, en busca de salud, armonía o salvación.

En este ámbito espiritualista existe una diferencia esencial entre, por un lado, las figuras de los chamanes y maestros fundadores de cultos, y, por el otro, la de los consultantes o discípulos. Se atribuyen poderes extraordinarios a los chamanes consultantes y maestros fundadores y, a veces, una naturaleza esencial muy especial: como la peculiaridad de ser enviados, provenientes de otro plano existencial (de naturaleza espiritual o divina — y por ello dicho 'sobrenatural' en el sentido de: anterior y superior a la naturaleza material). Estos personajes son con frecuencia considerados como provenientes de un plano existencial supremo [concebido como 'plano paradisíaco', o 'astral superior', o aún 'reino superior' — es decir el lugar de las 'entidades superiores', o 'de arriba'] al servicio de la voluntad divina, en misión salvadora para guiar y atender a las entidades del plano inferior o 'de abajo'.

En estas diversas estructuras ritualísticas apriorísticas, el té Ayahuasca es considerado un vehículo capaz de establecer un estado de conexión entre los discípulos ubicados en el astral inferior y las entidades o fuerzas iluminadoras del astral superior. Este efecto vehicular, sin embargo, sólo ocurriría cuando el té fuera: 1) ingerido o comulgado — para algunos incluso 'preparado' — con la necesaria orientación y ritos; 2) y también de acuerdo con el llamado 'merecimiento' de cada uno.

La adecuada orientación mencionada arriba puede ser, desde el punto de vista de su fenomenología, de dos modos: orientación directiva especial y orientación directiva general. Lo que aquí denominamos 'dirección especial' es una supervisión más 'directa', es decir, ocurriendo en la orientación personal y específica de un maestro talentoso. Talentoso por dos razones: 1) porque formado o iniciado en los ritos y misterios conectivos [o, al menos, en contacto espiritual y ritualístico con un maestro fundador desencarnado entendido como capaz de establecer esa conexión]; 2) por tener aptitud moral y congruencia propia suficiente para estimular y exhortar a los discípulos en el sentido de alcanzar la ética necesaria para la recepción de tal merecimiento. Lo que aquí denominamos 'dirección general' es más indirecta, es decir estableciéndose en la fuerza misma de la estructura ritualística definida por una línea tradicional o (y) enseñada, determinada en el pasado por un reconocido maestro fundador. En este caso el direccionamiento puede operar en la forma de oraciones — plegarias y letanías — proferidas y cantadas en común, de acuerdo con un modelo, o forma general predefinida.

En todos los casos, la orientación o dirección es plenamente ritualística: ocurriendo a través de una conjunción de esos diversos factores, sea orientación directiva especial o general, en proporción diversa; de acuerdo con el merecimiento espiritual de los discípulos: factores que, al final, se piensa que predeterminan en última instancia los resultados.

b) El ámbito espiritualista empirista

El uso de la Ayahuasca en un ámbito espiritualista empirista no se fundamenta en la creencia de que pueda haber conocimiento espiritual proveniente originalmente de fuera del ámbito de la experiencia humana, posible en general y natural. Se rechaza (o, en la hipótesis de que existan, se desconsidera) la existencia de tales principios esotéricos o diseños inteligentes y divinos como punto de partida de una búsqueda. No se acreditan razones superiores y divinales en sí, en el sentido de determinismos puramente sobrenaturales o supranaturales, provenientes de una instancia superior dicha precedente al ámbito de la materia-energía como naturalmente definido por la física. Se entiende que todas las doctrinas fueron últimamente dictadas por alguien.

El ámbito espiritualista empirista implica alguna forma de monismo naturalista: una ausencia de jerarquismo esencial o sobrenaturalismo. En este ámbito espiritualista empírico, los personajes equivalentes a los chamanes o maestros fundadores de los enfoques espiritualistas apriorísticos no son entendidos como portadores de talentos mágico-religiosos; ni tampoco se les atribuyen tales talentos [ni los 'revelan' — en caso de existir].

En general, estos fundadores de movimientos éticos orientadores de la acción humana pueden ser reconocidos y aceptados como individuos poseedores de habilidades específicas: como ser capaces de motivar e influenciar a las personas a reflexionar profundamente; a ponerse en relación de integridad y coherencia con ellas mismas; en el sentido de evolucionar de acuerdo con una elección libre y consciente de valores éticos: con el propósito de realizar en sí mismos, por sí mismos, mejores estados de bienestar, de curación psicosomática, de armonía o eutimia.

En las estructuras ritualísticas empíricas, el té Ayahuasca es considerado un agente facilitador; un amplificador de perceptividad, por permitir la instalación de un trance fenomenológico capaz — de acuerdo con la intención de los usuarios y practicantes — de establecer un estado de consciencia ampliado permitiendo una forma de iluminación: en el sentido de alcanzar más autonomía y madurez en sus opciones existenciales, elecciones y necesidad de superaciones. No se considera que exista una diferencia esencial, de naturaleza espiritual, entre, por un lado, las figuras de los chamanes o maestros fundadores de cultos, y, por el otro, la de los demás integrantes de los movimientos.

En estas estructuras la orientación puede ser dicha activa, pero no directiva: esto porque: 1) facilitada y estimulada por el contexto donde los integrantes concuerdan en cumplir los rituales de apertura, desarrollo y cierre; predisponiéndose a aplicar la voluntad propia en la búsqueda de más dominio ético; 2) ingiriendo el té psicoactivo de acuerdo con el control y voluntad propia: esto, tanto en términos de frecuencia de uso como en relación con la elección de la cantidad a ser ingerida.

La orientación es adecuadamente denominada orientación activa no directiva ya que cada participante es 1) considerado capaz de ponerse en contacto con el misterio más profundo del estado de ser [esa unión psicofísica o unidad materia energía, o aún esa unión de verbo y nombre, del sujeto y el objeto]; 2) tener aptitud de sostener un patrón de conducta ética resultante de una elección y decisión madura, inteligente y consciente.

La orientación activa no directiva opera en la forma de meditación y contemplación buscando un encuentro profundo consigo mismo, con la naturaleza y con el otro; estudios temáticos; diálogos coordinados o reflexiones espontáneas; actividad simbólica y ritualística. En la práctica, la orientación activa no directiva ocurre a través de una conjunción de esos diversos factores, de acuerdo con la voluntad y los acuerdos deliberados de los participantes.

DE LA DIVERSIDAD DE LAS ESTRATEGIAS

a) Estrategias profundas en la práctica espiritualista y ritualista apriorística:

En la práctica espiritualista apriorística el fundamento es esencialmente teológico, así como apoyado con argumentos filosóficos como antes se hacía en la escolástica. Es evidente que predomina un fuerte fundamento teológico ya que se afirma una distinción apriorística y dogmática entre un plano ontológico absoluto considerado sobrenatural y la naturaleza. El adepto se compromete a aceptar — a pesar e incluso contra la luz de la razón natural — una distinción donde de hecho no se puede racionalmente distinguir; optando por dirigirse, a través de una elección cognitiva fideísta, de acuerdo con la palabra o orientación categórica de las escrituras, o de los maestros fundadores o chamanes: compartiendo un sistema de creencias, fundado en tradición e ideología, en un acto de confianza y fe.

Se trata de un espiritualismo en el sentido fuerte; es decir con un profundo fundamento idealista y subjetivista, dualista; o bien semejante al del monismo sobrenatural radical originario del hinduismo, o solipsismo: en el cual todo es imaginado como siendo estructurado más allá de la materia-energía típica de la física profana. Sostenido por la voluntad y el pensamiento divino considerado fuerza o energía suprema, inteligente e independiente, destinada a recogerse y reabsorberse en su forma espiritual original. Se nota bien que en ambos casos se mantiene una forma de dualismo histórico o dinámico: el espíritu divino pasando por estados antitéticos, por razones insuficientemente explicadas: las razones propias y profundas de la divinidad.

En esta práctica espiritualista y ritualista apriorística, se aboga por la existencia de un sujeto espiritual encarnado, generalmente inmortal, racional, consciente y sensible [espíritu o (y) alma], observando, contactando el mundo objetivo. Un profundo y drástico corte sujeto-objeto es típico del espiritualismo así definido. Es interesante estar consciente de que un fenómeno semejante ocurre en el positivismo científico, aunque de forma diversa. Para el espiritualismo apriorístico el 'corte' es ontológico (un espíritu en la materia); para el positivismo el 'corte' es epistemológico o metodológico: se asume la existencia de un sujeto dotado de objetividad; aunque sin abogar por una separación ontológica.

En la práctica espiritualista apriorística las abstracciones míticas son elevadas al estatuto de realidad: la naturaleza es entendida como absolutamente regida a partir de un plano sobrenatural esencial y real que de una forma u otra existe absolutamente. Se intenta llenar la separación entre los reinos materiales y espirituales por la ascesis salvacionista donde: 1) se tiende en busca de lo sobrenatural a través del ritual (y uso del té místico en el ámbito de las religiosidades usuarias de Ayahuasca); 2) se opta por la escucha idealista, es decir imbuirse de la idea de un sujeto-trascendente, entendido como alma o espíritu, movido por objetivos codificados en mandamientos revelados; 3) se da preferencia a los dogmas de las doctrinas, siempre predominando, sobre las inferencias de los aportes sensoriales más inmediatos considerados como fundamentalmente inciertos y muchas veces ilusorios.

b) Estrategias profundas en la práctica espiritualista y ritualista empirista:

En la práctica espiritualista y ritualista empirista, el fundamento filosófico predomina y supera el fundamento teológico negando la distinción apriorística, dogmática (irracional), entre un plano ontológico absoluto — considerado sobrenatural — y la naturaleza. Se niega reconocer una distinción donde no se puede natural y racionalmente distinguir.

Pero a pesar de esto, no se trata realmente de un 'materialismo', ni de algún desenvolvimiento del positivismo: no se aboga por la existencia de un sujeto racional y sensible observando el mundo objetivo: el corte sujeto-objeto típico del positivismo tiende a ser relacional, negociado, hasta abolido en ciertas vivencias unitarias: en primer lugar en sí mismo, en la incapacidad de distinguir una frontera clara y precisa entre el sentimiento, la conciencia, la emoción y la sensación somática. En consecuencia es abolido el antiguo, aristotélico, y moderno corte epistemológico entre el llamado 'intelecto racional' y el 'intelecto sensible'. Se entiende, ante todo, de cierta forma y en un plano más profundo, que existe 'el ser auto-observándose'. Pero tampoco se trata de ese monismo antes mencionado y típico del hinduismo (o solipsismo): existe materia y energía; las entidades son reales, finitas y separadas.

En la práctica espiritualista empirista, se llega a la nulidad de las proyecciones humanas racionales en relación con lo que es esencial y final; no se busca consuelo haciendo de las abstracciones míticas una realidad suprema, un 'otro mundo': se resuelve deducir que el cosmos, la naturaleza universal o cósmica, es en sí misma absoluta: de una forma u otra existe absolutamente.

Por lo tanto, en esta práctica, se deshacen los cortes y divisiones epistemológicas tres veces: no existe una profunda distinción entre natural y sobrenatural [negándose lo sobrenatural como absoluto]; no existe una distinción profunda entre el sujeto y el objeto; ni tampoco una distinción profunda entre el intelecto racional y sensible. Se trata de una procesología existencial, donde no se anhela existir en un futuro indefinido fuera del plano concreto y planetario: se intenta contribuir para hacer de él lo que debería ser a la luz de la mejor razón natural y elecciones.

DEL ESPACIO-TIEMPO DE LAS CONSECUCIONES

a) En la práctica espiritualista apriorística

Siendo todo lo que alude al mundo subjetivo y a la cognición entendido como referente a un espíritu creado y encarnado a partir de un determinismo superior (en este caso enviado al plano existencial-material en busca de re-ligación con la esfera creadora), se deduce que un instrumento extraordinario de orientación religiosa necesita ser regular y repetidamente usado y aplicado para mantener una buena orientación y contacto con el origen así concebido.

En este sistema de creencias y fe, el establecimiento o re-establecimiento y mantenimiento de la conexión entre los encarnados ubicados en el astral inferior y las entidades o fuerzas iluminadoras ligadas al astral superior ('astral' es expresión típica de los movimientos ayahuasqueros) se convierte en un deber sagrado compartido por maestros y discípulos. Los maestros y responsables comprometidos en el deber de establecer y mantener en actividad un ámbito religioso propio y adecuado a esa conexión; los discípulos comprometidos en el deber de afirmar presencia, colaborar, contribuir eficaz y prácticamente en el sustento de esa consecución.

Tanto el estímulo doctrinario, exhortando la buena conducta moral y social adecuada al acumulo del merecimiento necesario a un contacto positivo y feliz entre los planos; como la frecuencia del templo y uso ritualístico del té — como vehículo rigiendo la realización mística de ese contacto — deben acontecer con regularidad y constancia, a lo largo de un período de vida suficiente; si es posible toda la vida.

La eficacia del ritual, como guardián simbólico de la puerta entre los planos, se realiza en el establecimiento de la conexión mística y en el acceso a la escucha de la doctrina en condiciones entendidas como ideales. La finalidad se concretiza por la práctica constante: la fidelidad es necesaria al acumulo final y mantenimiento del merecimiento esencial a la salvación escatológica: es decir al destino final del espíritu cuya misión es reintegrarse al plano original en el más allá.

b) En la práctica espiritualista empirista

En general, no hay, en la práctica espiritualista y ritualista empirista, dificultades ontológicas o naturales extraordinarias que impidan sobremanera la instalación de un sentimiento profundo de unión en su ser y con la naturaleza: se niega la posibilidad de conocer la existencia de un plano sobrenatural; todos ya saben bien qué es 'ser humano' por experiencia propia e inmediata.

No se anhela existir fuera del plano existencial donde se nace y surge: se intenta contribuir para hacer de la existencia como ya se manifiesta lo que se imagina que debería ser a la luz de una ética naturalmente razonable. Esto, sin ningún mesianismo, ni obligación, sólo por querer y poder: intentando comenzar por sí mismo: estudiando la 'relación' consigo mismo, o más exactamente la calidad del 'estar consigo' en primer lugar. Después la relación con el prójimo — los familiares y los que directamente conviven; con los colegas; con las personas en general; con la naturaleza: siempre en busca de una mayor aceptación, armonía, eutimia y satisfacción conjunta.

El factor determinante es la inteligencia de reconocer que en la situación existencial real (la impermanencia y fluidez de todas las cosas) la mejor opción es ciertamente cuidar, mientras la vida perdura, de una convivencia y relación sensata — equilibrada; cordial; respetuosa y pacífica — con todos los seres. La sesión psicofísica con la sustancia psicoactiva es un medio para visitar un estado inusual y sorprendente de percepción y consciencia, construyendo una ampliación referencial y existencial [cuyo valor sólo puede ser juzgado directamente y por cada uno] sirviendo de aporte suplementario, de enriquecimiento experiencial, a partir de donde se emprenden exámenes renovados y enriquecidos, más lúcidos, de la situación y vivencia actual reevaluándose principalmente: 1) sus propias creencias, reflejadas en imágenes, símbolos e insights; 2) sus comportamientos, reacciones, procesos y dificultades de adaptación; 3) los criterios y los valores de su axiología ética; 4) sus actitudes y hábitos.

En la práctica espiritualista y ritualista empirista, el lado místico, unificador, de la experiencia permite conocer la ausencia profunda de los cortes epistémicos — apariencias superficiales y socialmente consagradas — develándose a la luz de la razón natural y vivencia: 1) la conexión unitaria entre el sistema perceptivo y las visiones — navegando de la retina a la visión como sugerido y explicado en otro artículo; 2) la conexión sensible entre las visiones y la realidad; 3) entre la naturaleza y el sujeto — como ocurre en la fuerte experiencia de la relatividad del tiempo (un momento parece durar una eternidad, una sesión parece pasar en minutos). El sentido estético enseña a observar de manera nueva y creativa; integrada y armoniosa; sinestésica; la inteligencia ampliada conecta planos antes conceptualmente separados.

Todos esos aprendizajes permanecen como conocimiento adquirido por experiencia propia, modificando genéricamente todas las relaciones en el sentido de ampliar los valores en términos más inclusivos y perspectivas más profundas; en la dirección de mayor armonía y tolerancia. Este aspecto cognitivo positivo, bien sentido, sumado a un compromiso definido de acuerdo con una elección libre y consciente de valores éticos, permite la instalación de una aceptación y reconocimiento más profundo y sereno de sus propios talentos y límites; el surgimiento de un estado de ser más eutímico, más completo y asentado, más satisfactorio.

Muchas veces, con el pasar del tiempo, la experiencia se vuelve más firme, básicamente iterativa y recursiva como en la naturaleza el reaparecimiento de la luna llena, de los solsticios y equinoccios: se revisitan estados de consciencia ya alcanzados, se reencuentra los conocidos patrones visionarios; la identidad simbólica de la sensación de unidad: un sentido vivo y pujante de complementariedad y oposición; una consciencia heracliteana de flujo; un sentido de perennidad semejante al estado pleno de ser de Parménides; una vivencia mítica cíclica: la revisitación de los mismos arquetipos.

El estilo de vivencia más regenerada y re-presentada puede ser simbólicamente descrito como la visión de una bellísima, brillante y extraña 'rosa absoluta'. El brote central abriéndose, floreciendo y creciendo sin cesar, generando la renovación de la flor en busca de lo nuevo; y los pétalos ya nacidos y más antiguos desplazándose del centro a la periferia, girando hacia abajo en torno a la copa del ser floral, hasta finalmente marchitarse y caer abonando la flor: dando ímpetus a nuevos e interminables recomienzos — ¡infinitos al menos en el tiempo de la experiencia!

DISCUSIÓN DESDE EL PUNTO DE VISTA METODOLÓGICO

Sobre el uso del té y rituales en los dos tipos de prácticas

a) En la práctica espiritualista apriorística, el paso final del llamado 'astral inferior' al 'superior' exige un cambio radical de estado, una metamorfosis, completándose con la muerte — realizándose eventualmente el desapego o desencarnación terminal; la deseada re-ligación final con la fuente. En esa teleología es coherente que tal intento y meta pueda exigir el firme mantenimiento del contacto y de la conexión con el astral original (inicial) y terminal, a través de la repetición constante y frecuente de las comuniones y sesiones.

Concibiendo el uso del té como un medio privilegiado de conexión con un astral superior y original, radicalmente diverso en sus operaciones por ser sobrenatural, hay de imaginarse y entender la experiencia como un rito esencial de repetición necesaria: y esto con una frecuencia proporcional a la sed de re-ligación, necesidad de acceso y resoluto desapego y despedida de este mundo últimamente accidental.

b) En la práctica espiritualista empirista, vimos que el estado de unión es la 'piedra filosofal' básica y natural, el estado de ser de la realidad profunda como ya es. Bastando, para concientizarse de esto, ver más allá de las apariencias superficiales, es decir rompiendo decididamente todos los cortes epistémicos ilusorios a través de la experiencia propia hecha de reflexión y percepción sentida y meditada; contemplación. No hay, en el espiritualismo empirista, la necesidad de anhelar desplazarse en busca de otro estado de ser radicalmente diferente y elevado, sobrenatural, sino apenas administrar mejor lo que ya se vivencia.

Una vez aprendido a superar esas dicotomías superficiales se instala una habilidad natural y espontánea en frecuentar esos fenómenos unificantes sin el uso del té.

CONSIDERACIONES CONCLUSIVAS

La metáfora final en la práctica espiritualista empirista es que el ser humano ya está viviendo en un ámbito esencialmente misterioso, donde todo es de cierta forma 'milagro esencial', basta despertar para esto. Todas las criaturas son metafóricamente prodigios existenciales, desde una hormiga de considerable complejidad y esplendor hasta un ser humano. Pero, a pesar de ser igualmente extraordinarios y misteriosos en sus presencias y estado de ser, todos los entes son diversos y singulares; todos con potenciales y límites atinentes a su propia naturaleza específica, o representación de la grandeza y diversidad. La capacidad de apreciar la plenitud y grandeza de la unidad y de la esencia parece ser igualmente satisfactoria en los seres humanos conscientes de su estado de ser humano — y esto a través de técnicas y métodos más diversos, innumerables religiosidades; pero desiguales son sus talentos y límites como entes existentes y finitos: esos talentos y límites básicamente definidos no se modifican bebiendo té psicoactivo.

Por eso, una vez reconocido y vivenciado: en primer lugar ese estado de unicidad básica y natural [pero no siempre naturalmente evidente] con fuerza y grandiosa imponencia; una vez habiendo observado la fenomenología de la experiencia por un tiempo suficiente y variable; una vez habiendo reconocido y discernido sus límites y talentos propios, es decir diferenciar lo que puede ser cambiado y transformado de lo que no puede; una vez sabiendo recurrir por sí solo a un estado más creativo, buscando en sí mismo ánimo y alegría para mejor vivir: el adepto de la práctica empirista tiende a llegar a un punto conclusivo o formativo; en otras palabras a una resolución en la práctica del ritual y utilización de la bebida: en término psicodinámico se cierra una gestalt.

La conjunción de los tres elementos: 1) una configuración o contexto libertario y creativo en el cual se usa la bebida; 2) un individuo usuario sin fuertes prejuicios ni apriorismos; 3) la bebida psicoactiva en sí: parece eventualmente resultar en algo próximo al máximo benéfico posible en las circunstancias dadas: se configura una reunión confortable, una junción compartida a la luz del té, inducida por el uso inicial de la Ayahuasca.

Mientras que el adepto de las formas apriorísticas de religiosidades necesita aprender las virtudes teológicas como la obediencia, la confianza, la fe, la esperanza, la caridad y la constancia; el adepto de las formas empiristas necesita aprender otras y antiguas virtudes. En este caso, se trata ante todo de 'irradiar sentido' en vez de buscarlo — o en el mismo compás: es necesario fortalecerse y afirmarse; adquirir confianza y saber buscar inspiración, creatividad, fuerza — materia prima espiritual —, para generar sentido cada día, en las relaciones: siempre renovando. Forma parte de la práctica empirista llegar el tiempo de saber cuándo dejar de estar en 'estado de búsqueda' entrando en 'estado de ser', simplemente. A pesar de siempre posibles aportes nuevos de naturaleza coyuntural, referentes a las elaboraciones creativas de momentos específicos atravesados en la vida, el rumbo básico, la estructura ética fundamental resultante de una elección profunda: ésa debe ser burilada de momento a momento.

En ambos casos, tanto en la religiosidad apriorística como empirista, se trata de una práctica diaria, de una superación, y no esencialmente de la apreciación — agradable o no — de un estado privilegiado de ampliación de la consciencia a la luz del té psicoactivo. Una vez resuelta la ansiedad (relativamente frecuente al inicio de la aventura con el té) de tener que confrontarse con la duda y el vacío, el estado ineluctable de ser, la tensión entre ese 'infinito imposible' y ese 'finito incompleto', surgen momentos sublimes de paz, el reconocimiento confortable de la necesidad de sostener o generar un sentido, sea por sí solo, de sí mismo, o con auxilio del grupo y correligionarios. Aún más cuando el estado ampliado de ayahuasquera ya ha dado señales de haber llegado más cerca de los límites de los 'misterios': con frecuencia, los adeptos tienen visiones más intensas al comienzo del uso del té, y después menos o ninguna; otros llegan a sus límites posibles de vivencia de unicidad; esto, de acuerdo con los propios potenciales conferidos por el estudio de las ideas y visión de otros numerosos investigadores y filósofos.

En todos los casos, estadísticamente, el uso del té sólo conviene a una muy pequeña fracción de los individuos que lo experimentan: quizás en torno al 1 al 2% en nuestras estimaciones referentes a veinte años de observaciones. El uso del té Ayahuasca tiende a ser de duración persistente o continuada en los usuarios adeptos de las prácticas espiritualistas apriorísticas. Inversamente, el uso del mismo té tiende a ser pasajero o de más corta duración en los usuarios adeptos de las prácticas espiritualistas empiristas.

RB