Artículo original – marzo 2007 – Régis Alain Barbier
1. Inducir al discente a reconocer y expresar una profunda gratitud al maestro docente por la oportunidad de aprender y ser enseñado.
La especie humana está dotada, por la naturaleza evolutiva, de un sistema nervioso central magnífico, excelente e impar. Un 'centro neurológico de procesamiento ideomotor' — la corteza cerebral procesando cognición (ideas y actos) — promoviendo naturalmente las predominancias funcionales específicas del estado de ser humano, tales como: 1) buena disposición de observación en todos los canales sensoriales; 2) gran capacidad de integración de estímulos; 3) extraordinaria aptitud imitativa y creativa. Así construido por la naturaleza, el homo sapiens — comprobadamente — no se humaniza (no se realiza como ser humano) sin recibir una fuerte transmisión cultural de saberes, en un grado y calidad suficiente. El saber más fundamental siendo: tener la oportunidad de aprender a reconocerse como es, no como alguien o una escuela 'desearía que fuese': ser verdaderamente respetado en su calidad de autonomía y creatividad. Reconocerse como: 1) un ser específico altamente diferenciado (un 'ente' en el lenguaje de los filósofos); 2) existencialmente adecuado; creativo y libre de finalismos preconcebidos y predeterminados, estrechos y utilitarios o incluso ideales y abstractos; 3) un ser de vanguardia, portador del 'sello de calidad' de la naturaleza, es decir, en armonía material, energética e histórica suficiente con su medio (cosa atestiguada por el simple hecho de predominar y estar vivo); 4) gracias a ese talento humano específico, dotado de creatividad y autonomía (de libertad desde el punto de vista cultural) para transitar nuevos caminos, nuevas formas imprevisibles de cultura a partir de lo que recibe de la tradición; 5) libertad incluso de ponerse en situaciones accidentales y de peligro. Una libertad, autonomía y plasticidad denotada, cantada y dicha, desde los albores de la filosofía.
2. Concientizar al maestro educador a persistir en su intención, considerando la naturaleza y las cualidades del educando; dialogando siempre en busca de recursos adecuados a las necesidades y peculiaridades de cada uno, mantener un optimismo firme de que el intento educativo se cumplirá.
Caminar en busca de ser humano, ser de autoconocimiento y autodeterminación, es llegar a ponerse en el lugar de ser responsable de sí mismo: 1) consciente de su naturaleza (ser de autonomía, libertad y responsabilidad); 2) consciente de sus actitudes, comportamientos, sentimientos, pensamientos; 3) en contacto con sus talentos únicos, específicos y peculiares. Tal logro implica recibir y beneficiarse de una atención peculiar e individual, más allá de un mero 'asesoramiento general' o 'currículo mínimo' u 'oficial, tradicional'. Una profunda integración, realización y armonización congruente y confiada del ser consigo mismo — sus potenciales —, con el otro y con el mundo es posible. Pero sólo disfrutando de una receptividad y escucha atenta, específica, donde haya oportunidad de expresar sus dudas, percepciones, integraciones e intuiciones (necesariamente únicas e impares en ese grado de complejidad, inteligencia y diversidad). Interrogar a los alumnos (estimular la expresión y definición del pensamiento y las ideas; compartir cambios de punto de vista y entendimientos, elaborar juntos) es el método fundamental para construir planos conceptuales filosóficos, abriendo a la libertad y autonomía, a la individualización consciente del ser, garantizando la superación de los influjos ideológicos; de la masificación y atomización; del formateo a la luz de tradiciones entendiéndose como absolutas y finales: es decir en busca de una sociedad humana: abierta, creativa y genuina: de la naturaleza creadora.
3. Mostrar que uno de los objetivos más altos de la educación es simplemente auxiliar al discente a ser de sí mismo maestro educador.
Educar no es podar, ni entrenar para un fin señalado por la autoridad, tradiciones, conceptos antiguos, determinaciones consensuales, políticas, etc.: eso sería 'inducar'. Educar es extraer y alimentar lo que viene de dentro. Es enseñar un comienzo, un principio; es auxiliar al alumno a entrar en contacto consigo mismo; con su origen y naturaleza, con el misterio de ser: estar consciente y activo en el mundo. El misterio de ser portador de vida: de ser fuerza activa, inteligente, sensible y experimentadora; en busca de afirmación, entendimiento, reconocimiento, respeto y felicidad. Educar es esencialmente amparar al alumno a ponerse activamente en el lugar creativo de eterno aprendiz. Evocar una curiosidad abierta, dispuesta a desafiar todos los conceptos en terreno de igualdad, respeto, amistad y confianza. La confianza de ser portador: 1) de una herencia energética infinita; empática y simpática al cosmos: universal; así como: 2) receptor y transmisor de una cultura filosófica en busca de una sabiduría a ser siempre actualizada, burilada, reconstruida en cada nacimiento, en cada soplo de vida.
4. La filosofía puede aclarar que lo bueno y mejor para aprender no puede ser enseñado positivamente en la fórmula: maestro 'x', adiestrando discípulo 'y' en el objetivo de volverse hábil y formado para 'z'.
La habilidad suprema de ser humano es 'ser humano' simplemente. No es ser un 'ideal'; ni un 'mecanismo instintivo'; ni tampoco un 'muñeco de barro' en manos de algún dios alejado, ausente, temperamental, incomprensible y esencialmente diverso en naturaleza, talento y estado de ser. Se trata de volverse sabio y hábil en sí, y per se, como ser humano. Un ser de luz, sombra y oscuridad; como la naturaleza. Un hijo(a) del sol, de la luz, de las estrellas, del día y de la noche, del espacio-tiempo. Un ser capaz y hábil para reconocer en sí todos los potenciales — para la guerra, para la paz, para la alegría creativa o el fundamentalismo más austero y rígido: es decir de 'bien ser' y de 'mal ser'. Un ser capaz — si quiere — de elegir ser bueno porque consciente y bien (auto)educado para reconocer y entender que ser bueno es bueno. Procurar ser bueno y feliz, eutímico, es lo mejor que se puede ser en el estado de ser humano perteneciente a un mundo donde todo se transforma, rehace y recrea; todo surge para disolverse y resurgir de otras formas totalmente diversas, pero de la misma arquitectura. Movimientos creativos en coordenadas y compases de amplitud indefinida, inmensos; definitivamente más allá del entendimiento posible a una simple parte del conjunto.
5. Pero sólo en la fórmula: el amigo hermano, compañero e igual 'x' está, por amor y libre elección y voluntad, dispuesto a auxiliar 'y' a despertar a su naturaleza esencial 'z' como lugar (ethos) donde puede habitar la ética.
¿Habría enseñanza más esencial? ¿Podría dejarse sin énfasis este lado? Ver en el otro una casa donde mora la moral, la ética. Ser para el otro un inquilino honesto y sincero de la misma casa. Sólo afirmar lo que de hecho se conoce, presentar mitos como mitos, leyendas como leyendas, suposiciones como suposiciones, creencias como creencias, verdades como verdades, conocimientos como conocimientos, nada ocultar. Ser honesto en su propia dimensión de ser; no querer ser más de lo que se puede — ni menos. Presentarse como portavoz de un grupo, una secta, una tradición, una nación, una asociación cualquiera no es educar para ser humano, sino para ser socio, asociado, condicionado de la misma profesión. La ética exige, por naturaleza, que el ser humano sea presentado a todos los puntos de vista, a todas las formas de dirigir, de conducir a un pueblo, una nación, una tribu. La ética exige que sea dejado libre para elegir la organización a la cual afiliarse, asociarse, y esto por el tiempo que considere bueno, provechoso, creativo, enriquecedor. Reconocerse como un eterno lugar de creación, de respeto, de apertura y amor.
6. Que el camino más recto, la única vía para realmente formar un 'ser humano', es enseñar que lo esencial no se puede enseñar, sino de sí mismo aprender.
Cada uno nace depositante acreditado de más de quince mil millones de años de experiencias naturales; además de las cualidades recibidas en la cultura, cada uno podrá, buscando, encontrar y conectar con la herencia de muchos pueblos y naciones, con la sabiduría de muchos filósofos. Cada uno deberá enfrentarse con elecciones. Una de ellas — quizás de las más importantes — será: ir más allá de sus tradiciones, superar y enriquecer lo que fue dado y aprendido como si fuera por ósmosis, o no. Es decir, ser portador de una antorcha de luz viva y nueva; llevada por sí mismo, en su mano viva y humana; o bien vehículo pasivo de imágenes y representaciones frías dibujadas por otros, en otros tiempos, con otras palabras, otras clasificaciones: antiguos planes conceptuales, ahora incomprensibles, ilógicos, mitificados, mal adaptados, desencarnados, como seres de otras épocas y tiempos.
7. Que 'modos de hacer', métodos, procedimientos, datos — cosas que se pueden enseñar — son más fácilmente transmitidos queriendo aprender juntos.
Lo esencial de los saberes prácticos no es su contenido, sino la manera como se originaron en el contexto triple: 1) de la necesidad; 2) del momento histórico; 3) del entendimiento entonces disponible. Esta interacción observada y comentada permite actualizar la capacidad de revisar, repensar y actualizar los saberes además de aprenderlos y hacer buen uso.
8. La filosofía puede demostrar el valor de enseñar como si fuera en una plaza; donde todos fueran igualmente apreciados; y pudieran libremente sentarse sin destacados especiales.
El encuadre adecuado al aprendizaje de ser humano es el círculo; en un círculo no se puede colocar a demasiada gente, masificar, diametralmente alejando a los integrantes tendentes a volverse menos visibles, inaudibles. En el círculo todos son iguales, sabedores de que comparten el mismo origen y destino, la misma naturaleza, los mismos ciclos vitales; la vida se aprecia como es íntegramente, en las proporciones adecuadas; en la geometría universal de las esferas. El mundo es un círculo, el horizonte también: a veces no se sabe si la experiencia viene antes que los conceptos o si los conceptos determinan la experiencia. Todos son portadores de la misma complejidad, forjada en la misma herencia universal y duración; todos merecen el mismo profundo respeto, el mismo derecho de compartir lo que es igualmente dado por la naturaleza donde el sol brilla para todos; donde la tierra no es de nadie, pero todo posee.
9. Donde todos tuvieran oportunidad de participar por igual en un diálogo tranquilo y alegre; ordenado y respetuoso; amigable.
El diálogo, la dialógica, revela infinitos potenciales, descubre una inteligencia imprevisible. La dialógica no da acceso a un camino ya trazado para siempre; crea y genera innumerables vías. El diálogo no revela, como si fuera por una fuerza oculta, una vía sólo revelada a elementos privilegiados, ajenos, sobrenaturalmente dotados de saberes imposibles de proceder naturalmente y realmente asentarse, contextualizarse y fructificar, en el plano donde se aplican. La dialógica revela una complejidad imposible de ser dominada por un solo elemento: es el medio por donde se hacen valer y se canalizan los saberes múltiples y diversos de una multitud de contribuyentes individuales. Saberes que se potencializan, amplían, perfeccionan como si hubieran sido elaborados por un genio. El genio que somos en conjunto viendo a cada uno como un genio.
10. La buena relación 'educando-educado' es cuando el profesor no se separa jerárquicamente de los alumnos: pareciendo ser más un alumno aprendiendo, que un 'maestro profesor' enseñando.
El buen educador sabe que aprende enseñando; que no se enseña, ni se aprende: que se aprende enseñando y se enseña aprendiendo. La escucha creativa del alumno y sus respuestas imprevistas atestiguan enseñanzas vivas, abiertas, verdaderas, en armonía con la fuerza creativa y renovadora del sistema universal.
11. Un educador poniendo los problemas encontrados a la luz del día y de la comunidad de los alumnos; preguntando: ¿pero qué es? ¿Por qué es? ¿Cómo se podría originar? ¿Cómo puede evolucionar? ¿Cuáles son los posibles caminos? ¿Habría un devenir fijo y ya definido? ¿Tal devenir podría ser conocido por uno de los elementos del proceso evolucionando en el devenir? ¿Adónde debería ir; cómo debería ser, de acuerdo con el conocimiento que se tiene y que se puede tener? ¿Cuáles son los destinos posibles? Una relación educando-educado sistémica y fluida demostrando que educar no es 'escolarizar', mucho menos 'promoción escolástica'.
Un profesor que sea capaz de diferenciar que educar es diferente de reclutar, convencer, politizar, convertir usando viejas y arcaicas retóricas como si fueran palabras finales. El médico no causa la cura; el profesor no causa el conocimiento: porque el médico no es el todo, el profesor no es el todo, no son portavoces especiales de la naturaleza — sea ella entendida como 'alfa' u 'omega' —, sino partes finitas de la totalidad aptas para revelar mayor saber compartiendo momentos, dialogando, configurando en común comprensiones eternamente perfectibles, en el seno de la naturaleza universal corporificada en misterio: aunque artificiosamente revestida en la imaginación mítica de certeza y convicción. Esto es educar de acuerdo con el 'espíritu filosófico'; y esto difiere radicalmente de algunas catequesis como las impuestas en formaciones teológicas. Que las ideologías dogmáticas sean presentadas como ideologías, teleologismos asentados en predicciones infundadas, míticas; que las enseñanzas abiertas sean definidas como enseñanzas abiertas a lo nuevo, lo creativo, libres.
12. La filosofía puede ayudar a entender que 'ser humano' es ser apertura impar e infinita de saber, fluyendo y perfeccionando a través de sí la gracia de la naturaleza. Que 'ser' es gracia de la naturaleza y 'humano' es por sí mismo; bien queriendo.
La naturaleza humana es conjunción libre de imperativos categóricos, ¡porque es conjunción inteligente! Y conjunción de un estado de 'ser' y de una 'naturaleza'; de acto y cosa; de verbo y objeto. Se trata de una conjunción bien sentida, viva, asociada a una grandeza y orden mutante de origen incierto y destino desconocido. ¿Quién puede alegar ser el señor implacable del destino y si lo fuera, pretender ser tomado en serio por alguien que no sea 'simple' en el sentido de profundamente crédulo, absurdo? Sólo se conoce el cambio, los ciclos, nacer, morir: somos conscientes de un pasaje entre dos infinitos distantes, misteriosos e inalcanzables; dos gracias naturales configurando posibilidad de destino, opciones y elecciones. Se puede reconocer, teniendo y cultivando el verdadero espíritu filosófico y abierto: que en esas circunstancias existenciales existe un modo más sensato de ser: ser desapegado, flexible, abierto a otras enseñanzas que las medievales, libre de imperativos imaginados y rígidos, abierto al cambio: reconociendo ante todo los límites de la razón analítica y lógica, la esencialidad del conocimiento inmediato construido y regalado por el acto simple de estar en el mundo, del mundo, de pertenecer íntegramente a la 'madre naturaleza' como puede verse y tocarse, conocerse e igualmente saberse inalcanzable en su grandeza y majestad.
13. Enseñar que 'ser humano' es una sociedad indisoluble entre la naturaleza cósmica y el ser: y que ser humano es bueno, bello y bien. Educar sólo puede hacerse apoyado en la filosofía verdadera que demuestra que la escala humana es lo que más conviene al ser humano.
Que 'ser naturaleza' es reconocerse sin fantasías reductoras, es aceptarse con gratitud, y ver que como naturaleza podemos ser benevolentes o malvados, que eligiendo ser bueno es bueno, ser malo es malo. Que en ese lugar donde todos se alimentan de todos, donde nuestros cuerpos y cenizas habrán de alimentar a los seres que nos nutren, ser prudente, comedido, modesto, valiente, justo, templado y amoroso, es simplemente 'naturalmente inteligente'. Confiar en sí mismo es confiar en la humanidad bien educada. Bien educar es escuchar, ser atento al otro específicamente. Para eso es necesario reducir adecuadamente lo que aparta a la comunidad principalmente al nivel de los proyectos, las relaciones y la organización, es decir (en el mismo orden) 1) en la contemplación filosófica (metafísica); 2) en la esfera económica; 3) en la esfera política. Un fundamento mítico funcional y humanista no debería separar el plano divino del plano humano (reuniendo los planos y respetando el misterio) — como ocurría en Jonia antes del advenimiento del zoroastrismo — permitiendo al ser humano elevar naturalmente su autoestima existencial (o esencial). Una miríada de comunidades asentadas en la escala humana donde el poder decisorio de cada uno fuera igualmente considerado — paradójicamente atomizando el poder para que sea uno en la esencia y en el ethos donde se asienta. La escala adecuada (reconocida, aceptada, abrazada y bien costurada y tallada bajo medidas realistas), en todos los niveles esenciales de la organización humana es por igual: 1) un acto de entrega y confianza, así como; 2) un medio por donde instalar la confianza: esto porque el ser humano es de sí mismo sujeto.
14. ¿Qué más (o menos) podría enseñar la filosofía a la educación?
¡Como espíritu filosófico, qué más?! ¿Estructuras lógicas? ¿Retórica de antiguas escuelas? ¿Usos, modos y costumbres relativos a esta o aquella tribu predominante? En verdad la filosofía no aporta nada a la educación: ¡ella es el 'alma', la esencia de la educación! ¡Imaginar una 'filosofía de la educación' como instrumento aportando algo ya atestigua algo 'sensiblemente' fuera de plomo y orientación!
RB
