EXPERIENCIA MÍSTICA
El "Principio de la Indiferencia Causal"
En respuesta a quienes tienden a confundir sus propias tendencias culturales y dogmas religiosos con configuraciones universales, absolutas y eternamente válidas, contribuyo con una traducción de algunas páginas escritas por Stace, W. T. en "Mysticism and Philosophy" — Philadelphia: J. B. Lippincott (1960), respecto a una discusión sobre el valor de las sustancias psicodélicas como instrumentos de apertura espiritual.
Extracto
El "Principio de la Indiferencia Causal" es el siguiente: Si "X" tiene una supuesta experiencia mística denominada "P1" e "Y" tiene a su vez una supuesta experiencia mística denominada "P2", y si las características fenomenológicas de "P1" se asemejan enteramente a las características fenomenológicas de "P2", hasta donde pueda ser averiguado por las descripciones dadas por "X" e "Y", entonces las dos experiencias no pueden ser consideradas diferentes o de dos tipos — por ejemplo, no podemos decir que una de ellas es una experiencia mística "genuina" y que la otra no — simplemente porque surgen a partir de diferentes condiciones causales.
El principio parece lógico y patente, pudiendo en el momento no ser muy importante y no tener ninguna aplicación práctica bien definida, pero podrá volverse importante en el futuro. Tal principio es introducido aquí porque ocasionalmente se afirma que experiencias místicas pueden ser inducidas por productos químicos, como mescalina, ácido lisérgico, etc. Del otro lado, los que alcanzaron estados místicos resultantes de largos y arduos ejercicios espirituales, como ayunos y oraciones, o grandes esfuerzos morales, posiblemente sostenidos durante muchos años, están inclinados a negar que una sustancia química sea capaz de inducir una "experiencia mística genuina", o por lo menos a mirar con desconfianza tal práctica y reivindicación.
Nuestro principio dice que si las descripciones fenomenológicas de las dos experiencias son indistinguibles, hasta donde pueda ser averiguado, entonces no se puede negar que, si una de ellas es una experiencia mística genuina, la otra también tendrá que serlo. Esto se sigue a pesar de los antecedentes modestos de una de ellas, y a pesar del posible y comprensible desagrado de un asceta, de un santo o de un héroe espiritual, a quien se le cuenta que un mundano y negligente vecino, aparentemente nada haciendo para merecer semejante conquista, alcanzó la conciencia mística tragando una píldora. (páginas 29–30).
Otra aplicación de nuestro principio, que podrá ser citada, surge en relación al segundo de los tres famosos períodos de iluminación mística en la vida de Jakob Boehme. Esa segunda iluminación es descrita como habiendo sido inducida en la contemplación de un disco pulido. Ahora, mirar una simple superficie pulida parece, de la misma forma anterior, algo modesto y poco espiritual como condición causal de una experiencia mística; sin embargo, nadie, imagino, negará el hecho de que Jakob Boehme fue un "místico genuino". (Páginas 30–31)
Los que piensan ser imposible que una experiencia con Mescalina pueda ser mística y genuina, aun siendo indistinguible desde el punto de vista fenomenológico, pueden también ponderar el hecho de que la contemplación de una "corriente de agua" hizo a San Ignacio de Loyola alcanzar un estado manifiesto de conciencia mística donde "pasó a comprender las cosas espirituales". (página 70). Stace, W. T. en "Mysticism and Philosophy"
