De los estados de conciencia a la luz de la sabiduría andina y precolombina
EL ESTADO AMPLIADO DE CONCIENCIA (HANANPACHA)
Comprensión por Experiencia
Desde el punto de vista de la experiencia sé que soy mi percepción, soy aquello en lo cual aplico mi atención aquí y ahora. Aquello de lo cual soy consciente, de cierta forma, lo soy; ya sea de mi cuerpo, de mis pensamientos, de la belleza de la naturaleza o de las personas que amo; eso se vuelve más evidente en momentos de absorción y meditación. Cuando se está máximamente atento, los límites subjetivos entre uno mismo y lo que está siendo focalizado se disuelven; en esos momentos extáticos ya no existe diferencia entre lo que está siendo hecho y lo que está siendo vivenciado y percibido. La flecha alcanza la meta porque el arquero, la flecha y la meta se confunden — solo la interconexión es real. A cada momento, escojo mis fronteras. Sintiendo esa interdependencia, esa conexión; en ese momento dejo de ser separado, soy uno.
Finalmente en la cima de la montaña, dejé de luchar, me rendí. Oí entonces una música — no sé si real, tocando de hecho, o si viniendo de las esferas o del centro de la tierra — sentía el ritmo como nunca había sucedido; cada nota parecía revelar un aspecto de mi mente girando en el centro de un vórtice de luces, azules, rojas, amarillas y verdes, que subía atravesando la montaña. La espiral multicolor de luces, la mandala cósmica, me atravesó, aspirando o esparciendo mi conciencia en las cuatro direcciones. Pasé por una rosa de arcoíris, un lirio, un niño dorado para finalmente vislumbrar las alas del pájaro reflejando la luz del amanecer. El fluir del tiempo cesó; el espacio se dilató para contener a todos los seres que surgían, evolucionaban y se disolvían en el infinito presente. Todo se disolvió en un silencio vacío, entendí que mi esencia era idéntica a la eterna esencia de todos los seres, que el entero universo se reflejaba en cada mente, que la separación era solo una ilusión, un velo, en ese momento levantado. En la inspiración, de nuevo las imágenes volvían; vi un dragón cósmico, o una serpiente alada, o tal vez cargada por el cóndor, navegando por las nubes y dibujando astros y mundos repletos de seres, joyas y flores; la conciencia parecía infinitamente plástica. En la expiración, de nuevo las nubes y límites se disolvían junto con la ansiedad; sabía que nada tenía que temer. Percibí la capacidad de elegir mi experiencia. Sentí un cariño profundo por los rayos del sol, por las nubes, por los seres del aire, del agua, por las plantas, por la tierra y todas las personas, me sentí completo y digno de aceptación, así como estaba. Volé por encima de las cordilleras, entendí los secretos y misterios de las galaxias y de los átomos y por fin me sumergí en el vacío para, como un simple lagarto, tomar baño de sol en la llanura de Nazca. Hoy mi aprecio por la vida cotidiana es profundo; siento que me he vuelto más tolerante frente a la ambigüedad; la interdependencia de los opuestos se demuestra claramente, las paradojas tienden a resolverse en equilibrio. Soy más confiado y más abierto para enfrentar situaciones nuevas y creativas y deseo contribuir algo más al bienestar de la humanidad.
